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12 de octubre de 2014

Valor y precio




Por: Kike Rosales
 
En estos días grises para el país tengo derecho a soñar, me permito exigirme mayores cuotas de felicidad en lo que tanto me apasiona las corridas de toros con la esperanza de que esta minoría, a veces discriminada, conquiste el respeto que merece un acto tan antiguo como identificativo. Me permito la libertad de pensar que “los míos”, los paisanos que se visten de luces, sean respetados como artistas que se juegan la vida en una tarde de toros, que quienes les miran por arriba del hombro comprendan que también les corre sangre igual a aquellos que ganan más, que lo hecho por Jesús Enrique Colombo, Antonio Suárez y Manolito Vanegas sea honrado con tomarlos en cuenta, que el paisanaje de San Cristóbal pueda verlos en la feria de San Sebastián, que los triunfos inobjetables en España sean acompañados por “San Cristóbal Andina” cuando el “fru- fru” del capote rompa el aire o el lento arrastrar de la muleta acaricie la arena de la monumental.

Me permito la fantasía de soñar… El hecho de sentirme orgulloso de lo que están haciendo nuestros jóvenes toreros en otras tierras me obliga a soñar con poder verlos en los ruedos venezolanos, eso sí, con la categoría que en este momento tienen.

 Los sueños chocan con la triste realidad pues no se diferencia precio de valor, algunos les ponen precio: que si los pasajes para los apoderados, que el dinero que ellos deben cobrar, que si la ganadería de categoría cuesta mucho…, en fin, cosas que aparecen pero que no matan los sueños. A Algunos les cuesta entender lo del valor, no solo el de arrimarse, el valor, el mérito por lo que están haciendo: rabos, orejas, vueltas al ruedo y triunfos grandes que merecen reconocimiento en esta la tierra que los vio nacer y no entiende la dimensión de un hecho histórico como el que se vive en este momento, da vergüenza ver que no se entienda la diferencia de precio con valor cuando el triunfo tan rotundo es de novilleros venezolanos.