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2 de diciembre de 2014

Ramón Álvarez “El Porteño” ejemplo de maestría


Por: Víctor Ramírez “Vitico”

Ser el maestro de una escuela taurina no es tarea fácil y mucho menos preservar y mantener el legado de una persona tan extraordinaria como fue ese caballero de los ruedos y la vida que fue don César Faraco. El matador de toros Ramón Álvarez “El Porteño” es un claro ejemplo de que la afición, la rectitud y el bien hacer tienen sus frutos. Tomó el legado del maestro Faraco y lo continuó con afición, dedicación y esfuerzo, demostrando un gran cariño por la escuela taurina de San Cristóbal.

Cuando se consigue al maestro Ramón Álvarez en cualquier pueblo o  ciudad donde haya toros, habla con auténtica pasión de la escuela, de sus alumnos, de los planes y proyectos que tiene a corto, mediano y largo plazo. Demuestran sus palabras una convicción grande, de que este centro de instrucción taurina seguirá dando alegrías a los aficionados.

Ramón Álvarez “El Porteño” se vistió por primera vez de luces en San Felipe el 19 de marzo de 1.978 lidiando novillos de Guayabita, alternando con Arturo Magaña y Carmen Pinzón.  Debutó con picadores en Roquefort (Francia) el 15 de agosto de 1.981, estoqueando novillos de Manuel Sánchez Cobaleda, alternando con Vicente Yesteras y Morenito de Jaén. Se presentó en la Monumental “Las Ventas” de Madrid el 25 de julio de 1.987, lidiando novillos de Ignacio Manuel Sayalero Monje, alternando con Pascual Gómez Jaén y Manolo Tirado. Entre 1.983 y 1.985 “El Porteño” toreó siete novilladas en Madrid, dejando una grata impresión, se dice fácil hacer el paseíllo siete tardes en la plaza de toros más importante del mundo.

Tomó la alternativa en Calanda (Teruel) el 12 de octubre de 1.985, teniendo como padrino a Raúl Aranda y de testigo al francés Richard Milián, en la lidia de cuatro toros de Leopoldo Lamamié de Clairac y dos de José Galache. Curiosamente se presentó en Venezuela en San Cristóbal el 25 de enero de 1.986 con el toro “Pendenciero”, número 5 con 510 kilos de Rancho Grande, alternando con José Ortega Cano y Tomás Campuzano.
Cuando ya el año empieza a ver sus últimos días, es bueno reconocer la gran labor de este excelente torero que demostró ante el toro clase y buenas maneras. Ahora transmite esos conocimientos a una serie de aspirantes a la gloria taurina, jóvenes que encarnan la esperanza de la Venezuela Taurina.