Publicidad

Publicidad

25 de enero de 2015

En la muerte del Dr. Casal, presidente del Capítulo Nacional de Venezuela del Círculo Bienvenida





Por: Juan Lamarca López

No por esperada ha sido menos dolorosa la noticia del fatal desenlace de Don Rafael Enrique Casal Heredia, acaecida hace unas horas en su ciudad natal de Valencia del Rey, capital del estado de Carabobo.

Su muerte viste de luto, no solo a su querida familia, sino a sus amigos del Círculo Bienvenida, y a la Fiesta de los toros, a la que siempre sirvió serena pero apasionadamente desde su elevada categoría profesional, social, política y personal adobada con las más altas y noble virtudes que fraguaron su inmensa humanidad.


Hombre respetado y querido por todos que se entregó en su último servicio la Fiesta y a la tauromaquia, cuando atendiendo la respetuosa demanda de aficionados integrados en el movimiento bienvenidista en la tierra bolivariana, asumió el cargo de presidente del Capítulo Nacional del Círculo Taurino Amigos de la Dinastía Bienvenida que aglutina numerosos capítulos enclavados significativas e importantes ciudades taurinas venezolanas.

Fraternal y fecunda ha sido la labor desempeñada por el doctor Casal, una difícil etapa donde siempre pretendió la imprescindible comunión espiritual de la afición y su unidad de acción para afrontar, no solo la divulgación y fomento de los valores de la tauromaquia y el mantenimiento de su bien ganado prestigio en uno de los países más importantes del planeta de los toros, sino la activa defensa en todos los frentes necesarios para preservar la existencia de la fiesta y especialmente la legítima defensa de su máxima y definitiva expresión que es la corrida de toros. Y ahí estuvo siempre el Dr. Casal, como si de un afamado director de lidia se tratara, “sobre el albero y frente a chiqueros para lidiar lo que le echaran”, y de qué forma, con prestancia y galanura sin par, del esportón de su alma brotaba el verbo fácil y culto cual capote dibujando lances al viento, su poesía cual muleta parando, templando y mandando al natural, y por espada…la razón, que emanaba de la mente de un científico, del intelectual, del aficionado y hombre cabal, de un gigante de la amistad que tan importante era el amor que profesaba a su familia como grande era el dolor que sufría por la resquebrajada y siempre amada patria venezolana.

La figura Dr. Casal ya es memorable, su egregia personalidad emergía sobre cualquier ruedo y en cualquier plaza, como alguien dijo de Antonio Bienvenida: “toreaba con mucha educación…”

De ahí que, pensando en Don Rafael Enrique Casal, irremisiblemente venga a la apenada mente el sentido llanto de Federico por su amigo Ignacio:

Aire de Roma andaluza
le doraba la cabeza
donde su risa era un nardo
de sal y de inteligencia.
¡Qué gran torero en la plaza!
¡Qué buen serrano en la sierra!

Pues en verdad, así se podría entender también al Dr. Casal. No solo profesaba amor a España por su vinculación al campo andaluz, a Sevilla y su feria durante tantos años con la incansable y entusiasta expedición venezolana promovida por su inseparable y leal Dr. Barrios Barrios, o por su querencia a las históricas calles del Madrid antiguo entre corrida y corrida de San Isidro, sino por su alto sentido de hispanidad, orgulloso de sentirse fruto de la maravillosa simbiosis de cultura, sangre, y fe entre España y América, entendiendo la tauromaquia como uno de los vínculos ancestrales entre las gentes de uno y otro lado. Es por eso que cuando le tocaron el clarín al Dr. Casal para echarse el ruedo del Círculo Bienvenida, lo hizo con la misma simpatía, clase y torería que aquellos toreros que integraron la gloriosa dinastía de Bienvenida y que a él le correspondería representar en Venezuela.

Recurrimos, para esbozar nuestra tristeza, al sentimiento de otro gran aficionado como Miguel Hernández ante la muerte de amigo Ramón:

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

En Madrid, de presidente a presidente, Don Fernando Claramunt le dedica uno de sus libros a Don Rafel Enrique, en presencia de Juan Lamarca.

Desde España y en nombre de su afición, de la Junta directiva y socios del Círculo Bienvenida, con profundo dolor, lamentamos la irreparable pérdida de un hombre ejemplar como Don Rafael Enrique Casal Heredia, un amigo, un caballero, y un aficionado de “hueso colorado”.

A su viuda Doña Graciela, a sus hijos, demás familia y amigos, y al mundo taurino de Venezuela les enviamos nuestras más sentidas muestras de condolencia, y elevamos una oración por su alma.

Que Dios lo acoja en su seno.