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10 de febrero de 2015

Revolución, sociedad y Fiesta Brava



Por: William Quiérales

Yo defiendo la Fiesta Brava, como la defendió y la construyó, Carlos Raúl Villanueva, en  la Maracay,  que me correspondió dirigir como Alcalde: La Maracay barroca, gitana, y colorada, como los toros de Santa Coloma, que pastan en “Tarapìo”,  Tocuyito, del Estado Carabobo. Defiendo la fiesta brava, como la defendía, el solvente historiador, Manuel Alfredo Rodríguez, por chiquilinas andantes y  “volterianamente”, con pasión y con discutibles conceptos ideológicos, pero, debo decir que, pertenezco, democráticamente, a una minoría taurina, así como existen otras minorías, que se expresan en una sociedad abierta y que, éticamente, deben ser oídas.

El amigo y respetable Tareck Williams Sabb, a quien acompañé como diputado, en un período difícil, en la Asamblea Nacional, donde fuimos juramentados por el inolvidable William Lara, QEPD, y a quien aprecio, mucho antes de ser Defensor del Pueblo.

Tareck Williams, sabe que en el juego oriental de su amado Anzoátegui, en el juego  del “Truco” de Envite y el Azar, hay más muertos, ofendidos y heridos,  que en la fiesta del toro, o en el futbol nuestro, de cada día, para no hablar del boxeo, y  para no destacar el deporte favorito de Pedro Camejo, los toros coleados y su gusto por las peleas de gallo. Universalmente hablando, no he visto más sabiduría y más cultura reunida, que alrededor del significado del toro de lidia y su fiesta Brava: Cervantes, Goya, Pablo Picasso, Machado, o el celebre artista plástico “alzado” y  “fugado” de las redes de la  oligarquía valenciana, llamado Arturo Michelena y su cuadro barroco, más poderoso y célebre, expuesto en Europa: “La Vara Rota”, que significa a un toro bravo, que es el pueblo, quebrando la vara feudal. Pero existió un poeta taurino, Federico García Lorca, fusilado por el franquismo en Granada.

Existió un Diego Rivera, y como Olson Wells, taurino, existió un taurino y revolucionario, Hemingway, premio Nobel de Literatura, su Viejo y el Mar y una gran novela taurina, existió un Alberto Alberti, cuyos retumbantes ¡OLE!  y aplausos, eran para su Luís Miguel Dominguín, su torero especial.  Existe un gran Botero y sus esculturas taurinas, voluptuosas en Medellín.  

José María Cossío, tiene toda una Enciclopedia de más de 20 tomos, dedicados al toro de lidia, para no hablar de Agustín Lara y su pasodoble más celebre “Silverio”, o, ese Toro enamora’ o de la luna, cantado por doña Lola Flores, de un  Billo Frómeta, y un Alfredo Sadel y su Girón.

He observado más violencia en el futbol, que en los toros. Cuando César Girón tomó su Alternativa en Barcelona, España en 1951, con su toro “Farolito” eso significó una Revolución de la emoción y es por ello que, en la Maestranza de Maracay, pervive una impresionante escultura (La Girondina en movimiento, que nunca le faltan las flores colocadas por el pueblo, con el inmenso toro de nombre “Presumido” del maestro escultor, Laiz Campos).

Una reflexión, es la siguiente: si se acaban las corridas, se extingue el toro de lidia y la palabra extinción es para siempre, como dijo una vez, el explorador francés, Jaques Cousteau, refiriéndose a lo frágiles ecosistema del mar.  ¿Quién va a criar un toro de lidia, por puro amor al arte, que es indomable, que necesita delicados pastizales, atenciones, con un mayoral y un personal, conocedor de esa alimentación, tienta y veterinaria ¿  Quién.  

Profesor. Ex alcalde Maracay. Miembro del Circulo Taurino “Antonio Bienvenida”. Presidente Ad honoren, de la Comisión Taurina de Maracay. Fue Diputado en el Mercosur y en la AN. Militante del PSUV.