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1 de febrero de 2015

Ventura y Ferrera salvan una larga y tediosa función


Por: Rubén Darío Villafraz

Corrida de toros de expectación, corrida de decepción. Así reza el refrán, y que ajustado queda al balance que generó el resultado artístico de la cuarta función taurina en el marco de la Feria de San Sebastián. Los toros del Lic. Hugo Domingo Molina, quien lidió a nombre de todas ellas, se han cargado taurinamente hablando el festejo en razón del escaso juego ofrecido por sus pupilos. Correctos de presencia si nos atenemos a precedentes, el rosario de falta de fuerzas, mansedumbre en los engaños, y en especial el geniudo comportamiento del que cerró jornada, fue todo un quinario de decepciones, una tras otra. Los tendidos para tal efecto registraron un lleno hasta las banderas.

El rejoneador Diego Ventura ha saboreado las mieles de la mala fortuna. Interesantísimo ha sido su recital de toreo a lo largo de toda la tarde. Ante el que abrió plaza, ajustados fueron el par de rejones de castigo y luego banderillas que a lomos de «Demonio», «Sabioto» y «Morante» dejo en todo lo alto el jinete hispano-luso. Soberbio lució con «Morante» en inverosímiles quiebres en los medios, y en especial los remates, y embroques al momento de clavar. Una gran pena que el rejón de muerte, tras varios intentos, le privara de las orejas.
Mucho más compenetrado se vio en su segundo, bravo y noble «Culebra» del hierro de El Capea, quien imantó a las grupas del torerísimo y explosivo «Puerta Grande», caballo moro donde Ventura hizo el deleite de los presentes en farpas de gran mérito, nuevamente con su estrella de cuadra, «Morante». Cuando la faena tocaba sus últimos estertores de emoción, a lomos de «Sabiote», un infarto fulminante del caballo en pleno ruedo, enmarco el triste y curioso momento, sobreponiéndose tras despejar del ruedo sus restos a fuerza de los operarios y el propio rejoneador, para rematar labor con fulminante rejonazo, para la concesión de una rácana oreja, y el arrastre lento del toro, nuevo premio inventado por esta y otra comisión taurina que resta personalidad y simplicidad a nuestra fiesta brava.

Leonardo Benítez no ha contado con un tarde para echar “cohetes”. Es verdad que no ha contado con género bovino para el lucimiento, como lo fue el bello jabonero que abrió lote, flojo de remos al que se le simuló sin sangrar en varas. Se justificó el veterano diestro, despachándole de estocada trasera y tendida y dos descabellos, para ser silenciado, como igual ocurrió con su segundo, un cornalón astado, que no le permitió lucidez alguna, tras su corto viaje y ayuna entrega a los engaños. No se complicó y le despacho de estocada caída, escuchando un recado presidencial. Tras la aparatosa voltereta sacando del caballo Galván al último de la corrida, tuvo que despacharle Benítez, no sin antes pasar fatigas ante el regalito que en la muleta fue este «Presumido», el cual pudo presumir de genio y malas intenciones, a tal punto de colocar en manifiesta zozobra a los subalternos, incluyendo al merideño Fabián Ramírez, quien tuvo que pasar a la enfermería, tras perder pie en la cara, cuando pasaba a clavar su par de banderillas. Cuando el toro doblaba en el burladero se escuchaba el tercer aviso a este fatigoso trance que pasó el coleta caraqueño, para ser silenciado nuevamente.

Quien hizo esfuerzo sobrehumano por agradar fue el extremeño Antonio Ferrera. Lo hizo ante el más potable del envío de Hugo Domingo, como lo fue «Coquito», animal de noblotas pero no humilladas embestidas, por las que paso por ambas manos el veteranísimo y versátil torero, quien previamente había clavado con su característica espectacularidad banderillas. La estocada ligeramente desprendida, para el corte de la merecida oreja, de la que insistentemente se solicitó la segunda. En su primero, poco pudo hacer ante uno de los endebles morlacos que desde La Porquera embarco Hugo Domingo para ayer. Fue silenciado.

Nada que resaltar se le puede endilgar al juvenil coleta gaditano David Galván, quien el año pasado había deslumbrado en esta misma plaza, pero en esta ocasión, ni la sombra. Atropellado, por momentos descolocado, dejándose tocar en exceso los engaños, así anduvo el mencionado coleta, el cual ante el único que pasaportó muy poquito se le puede exigir, ante el corto recorrido del descafeinado burel de La Consolación. En el que cerraba plaza, como ya señalamos, el dije que pechó le envió a la enfermería, tras el fuerte porrazo que no perdonó el toro, tras quedar a merced del toro, luego de ser desarmado de capote, mientras le sacaba del caballo.


FICHA DEL FESTEJO

Plaza de Toros Monumental “César Girón” de San Cristóbal. Sábado 31 de enero. Lleno. IV corrida. Toros de las ganaderías venezolanas de Rancho Grande (6º), El Prado (2º, 3º, 7º y 8º), La Consolación (4º) y para rejones españoles de San Mateo (1º y 5º) en su conjunto dispares de presencia, los pertenecientes a los hierros de la Familia Molina Colmenares faltos de fuerzas, con nobleza en distinto grado, que se vinieron a menos en los engaños. Con genio y peligro el 8º, y nobles, con recorrido y tranco los de rejones, destacando el 5º premiado con arrastre lento. Pesos: 515, 510, 490, 470, 458, 441, 445 y 440 kilos.
Diego Ventura, silencio y oreja tras aviso.
Leonardo Benítez, silencio, silencio tras aviso y tres avisos en el que mató por Galván.
Antonio Ferrera, silencio y oreja.
David Galván, silencio tras aviso en el único que estoqueó.

Incidencias: En el ruedo, producto de un infarto fulminante en el curso de la lidia del 5º ejemplar falleció el caballo «Sabiote», perteneciente a la cuadra de caballos del rejoneador colombiano Enrique Piraquive que había traído a Venezuela Ventura. *** Pasaron a la enfermería el diestro Galván con posible esguince cervical y dos puntazos en sus muslos, así como el banderillero Fabián Ramírez, con posible esguince en tobillo derecho.

@rubenvillafraz