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8 de junio de 2015

El Tren del Fracaso



Por: Kike Rosales

Las cosas de los toros en el país para que anden tan mal como  en estos días es porque vienen sucediendo desde hace tiempo, la desolación llega en vagones de tristezas a la estación del abandono en el único tren que ha vendido todos sus boletos con pura ida, sin derecho a vuelta.

El vagón de la ganadería Venezolana tiene de valija la consanguinidad, los inconvenientes para traer semen importado es de todos conocidos, hablar de vaquillas ni se diga. Toros  traídos desde España para San Cristóbal han sido indultados, dos de ellos fueron “sacrificados” sin poder servir para hacer un banco de semen, el “ajusticiamiento” se efectuó porque se violaron normas sanitarias para su arribo el año pasado dejando los astados como solo un recuerdo. En los corrales de la plaza de toros de Pueblo Nuevo actualmente están varios entre ellos el indultado  este año, pero se quedan allí “corraleados” sin poder ser lidiados; y con la “sospecha” que llegaron acá sin la posibilidad de servir como semental si alguno era indultado (vasectomía) para la reproducción.

Las corridas son muy pocas, la única parte donde la mayoría de los toreros se puede ir es a Perú donde al menos pueden recibir dinero por torear, aquí en el país es muy difícil vivir de ser torero, para solo sacar un documento al preguntarse la profesión y decir que se es torero genera una sorpresa en los funcionarios, ni siquiera piensan que “eso” sea verdad.

Rafael Escalona se llevó otro embarque, en la Asamblea Nacional tuvo que reunirse solo con los asambleístas gastando el poco dinero que tiene, los que debían acompañarlo lo dejaron porque no fueron atendidos a la hora estipulada (como si las luchas gremiales tuvieran fecha y calendario) dejando a quien no es ni ganadero ni empresario lidiar con los asambleístas. “el tren” de las corridas de toros en Venezuela anda  rodando por sus propios rieles, eso si la indiferencia y la falta de compromiso viaja en el vagón de primera clase rumbo al despeñadero, lo demás, la idea de defender un acto cultural de broma y va en el vagón de carga esperando no ser maltratado al bajar el resto del equipaje cuando arribe a su “llegadero” el tren del fracaso.