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31 de agosto de 2015

La labor del crítico taurino debe ser exigente y sin protagonismos

Escribir del maravilloso espectáculo taurino es una responsabilidad
que muchos pisotean por afanes de protagonismo.

Por: Jesús Ramírez “El Tato”

Ejercer la labor de crítico taurino es más difícil de lo que muchos creen.  Se trata de un espectáculo casi elitesco donde para definir arte, valor  y conocimientos, hay que apartar sentimientos y compadrazgos para aferrarse a la verdad sin tapujos, muchas veces llevándose por delante, al empresario que es amigo, al torero que se prodigó en saludos o al ganadero que abrió las puertas de su dehesa para informar con detalle de su esfuerzo

En ningún otro espectáculo ocurre lo que en la plaza de toros, donde el más novato aficionado por el hecho de haber comprado su entrada, se convierte en activo crítico que ofende al torero o ganadero con sus gritos destemplados.  También ocurre que el que nunca pisó un liceo y en su lejana juventud instrumentó un par de lances, de repente recibe las armas de la prensa para regodearse en su amargura y verter la bilis buscando el protagonismo que no tuvo cuando ciñó el áureo traje, ofendiendo además la cultura de los aficionados con sus grandes pecados gramaticales.

Pero ser crítico taurino es una gran responsabilidad que parece esfumarse con el tiempo. Lejana quedó aquella época en el país, de críticos que además de conocer el complejo tema taurino, poseían el don de la sabiduría para informar e ilustrar de una manera didáctica, amena y práctica.  Recientemente conversábamos con un viejo aficionado sobre el tema, y nos decía que los culpables son los mismos toreros, que como no tienen consistencia profesional, pues recurren a estos elementos para buscar alabanzas y difusión de sus actuaciones, mejor dicho panegiristas a sueldo, que viven felices comiendo la melcocha del engaño que los nutre.

Críticos de otra generación, recordaban a “Lagartijo” y a su heredero “Guerrita” tan agudo en sus aseveraciones públicas como maestro en el ruedo, la época romántica de “Reverte” que perdura en la letra de las sevillanas, la competencia que revolucionó el toreo entre Belmonte y “Gallito”, la aparición de Domingo Ortega el dominador, las interpretaciones del toreo de “Manolete”. Mas tarde el juicio crítico a un gran torero, Paco Camino, quien tapaba su mandanga con arte increíble, igual el contrahecho Antonio Ordoñez de exquisitez torera o el soberbio César Girón que rompió todos los moldes reservados en España para los allí nacidos. Y qué de nuestro inolvidable Luís Sánchez “Diamante Negro”, ídolo auténtico de los venezolanos.

Tenemos que hacer votos sinceros por una crítica auténtica, realista, veraz, desprendida de egoísmos o protagonismos, bajo la premisa que el único protagonista es EL TORERO, que es quien se pone por delante jugándose la vida y no el que toma la computadora o el micrófono para deslastrarse de sus sentimientos casi maléficos que buscan un sitial que tal vez lo hubiesen obtenido en otro terreno con mas decoro y méritos. 

Ejercer la critica taurina en cualquier país, es una ciencia que dominada por el sentimiento, debe conducir a una mejor comprensión del hermoso espectáculo taurino que cada día atacan mas con mentiras y crueldades.