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6 de septiembre de 2015

La Falta De Escuela


Por: Kike Rosales

Siempre aparece esa frase cuando consideramos que la mala educación o el irregular comportamiento salen por ahí, lo primero que decimos es la sentencia de “la falta de escuela”, como si en la casa no tuvieran la obligación de corregirnos también, entonces es casi un juicio definitivo que a muchos le endosamos como una razón por la ausencia de modales.

Entonces se nos muestra el camino de la estructura que a veces en lo social y educativo necesitamos tanto, hoy y siempre la escuela será una razón de formación fundamental.

En los toros las escuelas aparecieron hace unos años. Con anterioridad las historias nos hablaban de hechos casi heroicos muy  metidos en el romanticismo, estaba la figura del maletilla, ese andariego soñador que recibía su formación subiéndose a las tapias en España y por la mangas de coleo en Venezuela para poder ser torero.

También iba dentro de su manera de aprender el oficio de torear una ápice que a veces también valía, el espontaneo, pasar una muleta escondida y después de una pica tirarse al ruedo para dar unos pases mientras lo sujetaban los subalternos y luego la policía a puros “coscorrones” y patadas lo metían preso.

El romanticismo de ese hecho nos pone en presencia de un héroe, un muchacho que sin dinero lograba entrar a los escaños de una plaza para lanzarse, era como parte de la formación del torero, aunque era visto como un delito.

Luego las escuelas aparecieron, ya el dormir escondidos para cruzar un rio y desnudos a la luz de la luna torear un semental en campo abierto era solo de historias viejas, había maestros que te enseñaban y sin la necesidad de lanzarse de espontaneo o andar de maletilla poder empezar a formarse como torero.

Las escuelas nuestras nadan por los derroteros de la desidia, poder conseguir una vaca para torear cuesta una enorme cantidad de dinero,  no cuentan con presupuesto y los que deberían tener presencia están escondidos, la suspensión  de eventos taurinos a beneficio de las escuelas es tan igual de triste como cuando se quema un libro o tan bárbaro como cerrar la puerta de una universidad, en verdad a los que parece que les falta escuela es a los que se silencian y cobran tan caro el alquiler de una vaca mientras en las taurinas no ven ni un pitón.