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27 de septiembre de 2015

Mi escuela




Por: Kike Rosales

El recuerdo inmediato de mi primera escuela son la manos de la profesora Alix,en una de las llamadas “escuelitas pagas” de aquellos años, sus manos eran hermosas, además siempre lo que me corregía iba acompañado de una sonrisa, estaba postrada en una silla de ruedas pero su ternura está metida en mi vida.

Creo que para todos los recuerdos con los años de la escuela son tiernos, lleva eso también, reminiscencias de ternura; cuando conocí la taurina no tenía edad para inscribirme en ella y tampoco mucho valor que como requisito se debe tener.

Cuando veo el wasap de Cadavid que desde España está soñando con ser torero con la imagen de Faraco allí plasmada entiendo que la escuela se quedó en el alma de él, cuando transmito como desde hace tantos años toros con “vitico” aparece a veces con gracia la frase “es que el maestro Faraco decía”, es decir tanto a ellos como a los demás que pasaron por allí  la escuela taurina se les quedo metida hasta el alma.

Cuando vi a los muchachos de la  de Tovar pasar un capote por el ruedo para que la gente les lanzara dinero pensaba que si el maestro Faraco estuviera allí lo haría con el rostro serio, por una razón, todavía debemos vivir de la “colaboración”.

Entonces de la nada y en otros lados pero ofendiendo una escuela aparece la concejal de Madrid que le quita 60 mil euros  a la  Marcial Lalanda, varias voces aparecieron para protestar tamaña barbaridad  pero eso si algo dijeron los que están frente a la misma, la escuela, no se acaba.

Y se me Viene a la mente… ¿y las nuestras?, esa sensación de soledad al pensarlo es la primera que llega, ver a Ramón Álvarez “el porteño” maestro de la escuela de San Cristóbal buscar como montar festejos, andando de un lado a otro para que los muchachos puedan ver pitones y chocar eso con la suspensión de los actos anunciados porque no hubo forma de conseguir reses, (el precio de los ganaderos lo impide) porque ahora parece que hay que pagar alquiler.

A pesar de tener clases prácticas dentro de la licitación y un festival en el abono de la feria de San Cristóbal la cosa de verdad no alcanza, entonces, ¿cómo estarán las otras?

Entre los nebulosos recuerdos de la infancia se pueden quedar las escuelas taurinas del país, ese afán por ser torero, el buscar desde la niñez descifrar algo tan profundo como torear solo se verá en las conversaciones casi frustradas de los muchachos cuando ya pinten canas, en una mesa mascullando tristeza todo porque las escuelas donde podían formarse para  ser toreros se cerraron y no como la de Madrid por falta de dinero, sino por algo más triste, a pocos, solo a pocos de verdad; les importó.