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4 de enero de 2016

Monumental de Valencia rumbo a sus 48 años



Por: César Dao Colina

Con intencionado adelanto recordamos la fecha de inauguración de la Plaza de Toros Monumental de Valencia con el fin de, que ese hito que marcó el desarrollo integral de la zona sur del municipio como para el terruño mismo, no sea un día más para la legión de aficionados venezolanos y allende de nuestras fronteras, que, de una manera u otra, han asistido y ocupado un asiento en su espectacular estructura y por donde, con el abanico arrebujado de fechas se han presentado festejos de distinta naturaleza pero no en el número que ocupe su real beneficio.

Todo, sin dejar escapar jamás, que por algún tiempo y en el disimilar de algunas administraciones municipales, ha recibido la espalda teñida de la más atrevida insolencia y falta de raciocinio para desconocer la fuente del entendimiento como de la razón entre descontextos inexplicables.

Dos actos dejaron su presencia para la historia

El primero, fue el viernes nueve de febrero de 1968, cuando el Dr. Luis Fernando Wadskier, trajeado de blanco impoluto, a la sazón concejal y presidente de Feturval, despejó la cinta de la enfermería del embudo de El Palotal acompañado por una línea de aficionados, profesionales de la medicina, del mundo taurino y otras actividades como de la reina de la Primera feria de La naranja, Elizabeth Machado Ramos. Fue un momento emotivo, cuando, el Dr. Wadskier, dejó estas palabras para que el gran cáliz de Santa Rosa, tomara el primer impulso hacia estrellato mundial:-Hoy, queda inaugurada esta sala asistencial, con uno o sino el mejor quirófano del orbe taurino, para atender a quienes resulten lesionados en el redondel o en la misma plaza de mi querida y entrañable tierra& en esta soleada mañana, donde no deseamos que percance alguno se suceda en el devenir del tiempo, ponemos una obra más para Valencia y, que administrada con gerencia de avanzada y honesta en su dirección, contribuya al desarrollo, al porvenir que tanto requiere esta zona cardinal& así lo creímos, así lo sentimos y así la hicimos una realidad palpable y digna.

El (10) de febrero& ¡Timbales y Clarines!

La ciudad, era un hervidero. Las peñas taurinas, más de doce en número, pregonaban cada una con sus vocerías las bondades de la Plaza de Toros Monumental de Valencia que venía a sustituir el vacío dejado por el intencionadísimo incendio a Arenas de Valencia, y no precisamente por sus propietarios, como el pequeño numen que se había heredado con la Placita Alí Gómez, enclavada en La Guacamaya y construida por grandes hombres aferrados a la secular tradición taurina.

Hoteles con el mayor índice de ocupación, tascas, bares, restaurantes, clubes, casas de familia; el comercio en todos sus ámbitos como la renta interna de la ciudad elevaron sus guarismos; Industria y Pequeña y Mediana Industria, en colaboración espontánea; las salas de cine como de fiestas con afamados artistas de talla internacional, solamente tenían en su agenda la apertura de la segunda plaza de toros con mayor capacidad del mundo y con un slogan inolvidable, fuente del co-empresario junto a Feturval y don Diodoro Canorea de Sevilla, José Manuel Pérez Pérez, que rezaba:-!Valencia& Feria de las Ferias& Todos los caminos conducen a Valencia y está tan cerca& Valencia& la Plaza Grande de los Precios Chicos& Valencia, la Feria Grande de Venezuela!

Ordóñez, Puerta y Adolfo Rojas con (6) de Reyes Huerta

Con un aforo inicial de 26.620 personas, y con entrada de feria, hicieron el paseíllo, montera en mano, en señal de debut, el maestro de Ronda, Antonio Ordoñez Araujo, ataviado de amaranto (fanta) y oro; el sevillano Diego Puerta Dianez, de verde botella y oro cerrando cartel el venezolano y quien cortó la primera y única oreja de la tarde, Adolfo Rojas, colocado en medio de los dos espadas españoles, embutido de rosa y oro. Se lidiaron seis toros de la ganadería poblana (mexicana) de don Reyes Huerta y el primer toro, con nombre de la ganadería, se llamó Dentista, pero, por razones obvias, fue cambiado por el nombre de Carabobo, con el permiso del criador.

Continuarán estas notas sobre la obra diseñada por el Arq. Peters Albers; y más de su historia.