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5 de junio de 2016

Detrás de una novela



Por: Néstor Melani

Rodolfo Rodríguez “El Pana”

Viejo, aun soñando los siglos de una reforma y describiendo las lunas detrás de un capote. Hablando solo desde las metáforas benditas de una copa de tequila o los abrazos morenos de una mujer en la barra de un bar entre la ciudad bendita de los andantes personajes de Latinoamérica hasta la soberbia aguardada en los tonales misterios de un ritual torero. Quizás la espada rota o el traje de rosas remendado por los años cuando la luna dejó de sombras la figura de un toro, mas allá de Guadalajara o más cerca de las estrellas cuando los tiempos han cubierto de misterios la vida. Rodolfo Rodríguez en las cartas de los poetas, en la ceremonia convertida en los besos de las prostitutas y en los credos de un sacerdote viejo de alguna aldea, en la paciencia de los siglos y en los estadios de una redoma de tiempos y flores marchitas. Cuantos llantos se quedaron en las oraciones al Cristo de los cantores, cuantas promesas se fueron en las húmedas visiones de un cristal de aguardiente, pero desde tus albores torero bucólico y leyenda te escribieron los poetas, te hablaron de amores las mujeres y se llevaron al cortejo de la monumental de insurgentes. Así te veo desde mi América bendita y herida. La   de las velas de cebo y de la sangre del toro muerto, te veo poeta de los barrios zapotecas o de las lidias de arenas curtidas de cal y tiempos. “Pana” sin duda el escapulario  de la morena de Guadalupe esta en tus manos mientras de luces la capa se asienta en los palcos de las multitudes y como Manuel Capetillo o el dolor de Carlos Arruza, dejando las notas de Agustín Lara ya muy viejo para describir a otro “Silverio”, más romántico y humano que lleve en sus venas la carne del pueblo. “Pana” en el humeante y espiral humo de un habano detrás de la copa de ajenjo o los aplausos perdidos en las nostalgias del tiempo. Olorosos a tabaco con hojas marchitas de los claveles rojos. Desde la lluvia bautizando ceremonias y desde la vida predicando añoranzas. Torero, te escribiré en la arena, cuando el sol revienta la tarde con mil colores de gracia con mil aplausos dejando tu pena escrita con sal de una faena para devolverle al mundo el México de la esencia de los poetas que se convirtieron en leyendas… vamos torero en un lugar de la Plaza de Insurgentes estará tu nombre venido desde Tapito hasta la Reforma, desde Jalisco, hasta Cuernavaca con campanas de trescientas sesenta y cinco iglesias… viejo aun soñando entre las multitudes… viejo aun pariendo el dolor que viven los pueblos…

Adiós poeta torero de las nostalgias escritas en una canción de amor…

Dios derramará  bendiciones…