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4 de septiembre de 2016

Alejandro Barragán, única oreja ante gran lote de Hugo Domingo en Tovar

Por: Rubén Darío Villafraz

Ha sido una gran novillada, con muchos matices que destacar y de la que a pesar de la tromba de agua que nos antecedió en el mismo, valió la pena la espera. Destacar la afición de los presentes por permanecer en la plaza, cuando en la Sultana del Mocotíes arreciaba unos de los aguaceros más tórridos que recuerde. La ciudad se vio en emergencia bajo tal circunstancia, y no era para menos.

El techado del Coliseo hizo que se una vez más se pudiera dar el festejo. Una pena el lamentable mantenimiento que tiene este por parte de las autoridades competentes, donde los tendidos se vieron repletos de agua, no así el ruedo, lo que permitió que se diese el festejo bajo la anuencia de palco presidencial, empresa y propios aficionados.

El utrero que abrió festejo correspondería al debutante novillero peruano Kuntur Alfaro, ejemplar el cual no del todo entendió el menudo coleta inca, tras no asentar zapatillas ni mandar en las noblotas y poco humilladas embestidas que se permitió por ambos pitones el señalado diestro. Abundó en demasía en intentar lucirse sin mucho eco en el tendido, para al final dar una vuelta al ruedo por su cuenta.

El otro debutante fue el peruano Oscar Miguel, quien mejor se le vio, por momentos intermitentes, sobre la mano diestra, pitón donde el ejemplar dejó lucidos muletazos que algo calentaron el gélido ambiente en la plaza, con la mayoría de los presentes de pie ante, tras las cascadas de agua que bajaban de los ductos de aguas negras del policromado techo de plaza. Se puso pesado con el acero, para ser silenciado tras aviso.

Pinceladas de buen toreo, corriendo la mano con gusto previo sabroso recibo de capa, el que Alejandro Mejía dejo en la retina de los presentes. Voluntad y decisión de agradar los que dejo evidente, ante otro destacado ejemplar al que tal vez faltó más rotundidad en someterle en los medios y plantearle faena sin tantos accesorios. Lo que pudo haber sido de oreja o cambio por su errático uso de la espada, en silencio tras aviso.

Otro Alejandro, de apellido Barragán, se encontraría con las nobles y dulces embestidas de «Portachuelo», astado de una almibarada embestida por ambos pitones las cuales se intuía desde el garboso saludo de capa. Medido en el castigo y bien banderilleado por el propio espada, en la muleta no sería sino hasta la tercera tanda cuando Barragán tocaría las teclas apropiadas para aprovechar las cualidades de un novillo de encumbrarse, que sueñan quienes se visten de luces en novilladas de este fuste. Largo trasteo, donde dos series por la diestra en el ecuador del mismo, valieron para que los presentes se entregaran a plenitud. Una pena que vaciló en la suerte suprema, para tras dos viajes con el acero y un descabello, cortar -tras rifirrafe de pañuelos en el palco presidencial- una oreja y la merecida vuelta al ruedo al pupilo de El Prado.

Lo más pulcro en cuanto a planteamiento de faena se vio en las manos de Julián Vanegas, quien pechó con un cornalón ejemplar que así mismo a primeras no le encontraría resquicio de lucidez sino mediada la misma. Fue allí cuando se asentó, y llevó largo las embestidas, en especial por la diestra, del ejemplar, destacando los forzados de pecho, largos y templados. Su fallo con el acero, le impidió mayor cotas de triunfo.

El tachirense Jonathan Ortega se le ve aun verde para compromisos de esta trascendencia. Voluntad y entrega quedaron evidentes, pero detalles técnicos de colocación y terrenos están pendiente, de allí que quedara a la deriva por momentos a la embestida a menos del burel. Se agradeció la contundencia con la espada, para al segundo viaje doblar el animal.

Cerró larga función el novillero local Reymer Arellano quien se le vio con evidentes progresos, que solo la consecución delante del animal se consigue. Variado y alegre fue el recibo de capa, para luego en la muleta, decantarse por tandas cortas, con el punto de bisoñés en las salidas de cada muletazo para quedar colocado al siguiente. Las entradas de tandas son un fiel reflejo de la influencia de Rafael Orellana como torero referencia. Solventó la papeleta mucho mejor de lo preveíamos, por lo que queda la estela para verle a futuro, si la suerte le acompaña, bajo las ordenes de su mentor, Don Ricardo Mencía.

Culminada a la media noche un festejo que a punto estuvo de suspenderse. Pudo más la fuerza de la afición y la suerte, para ser testigos de un interesante capítulo de esta feria, en la destacamos un gran lote de novillos que bien puso en bandeja de plata el triunfo, a disposición de las cualidades da cada uno de los novilleros.


FICHA DEL FESTEJO
Plaza de Toros Coliseo El Llano de Tovar.
Sábado 3 de septiembre. Novillada con picadores.
Con poco más de un tercio de plaza (aproximadamente 2000 personas) en noche lluviosa, fría, con estruendosa tromba de agua antes de comenzar el festejo, lo que obligó el retraso por espacio de 60 min, se lidiaron novillos de las ganaderías LA CONSOLACIÓN y EL PRADO (Hermanos Molina Colmenares) en su conjunto bien presentados, nobles y potables en distintos grado, destacando la bondad y recorrido del corrido en 4º lugar, «Portachuelo» de 332 kilos, premiado con la vuelta al ruedo.
Pesos: 354, 340, 328, 332, 347, 388, 384 kilos

KUNTUR ALFARO (nazareno y oro con cabos blancos): vuelta al ruedo.
OSCAR MIGUEL (tabaco y oro con cabos blancos): silencio tras aviso.
ALEJANDRO MEJÍA (tabaco y azabache): silencio tras aviso.
ALEJANDRO BARRAGÁN (frambuesa y azabache): oreja.
JULIÁN VANEGAS (purísima y oro): palmas tras dos avisos.
JONATHAN ORTEGA (azul rey y oro con cabos blancos): silencio.
REYMER ARELLANO (aguamarina y plata con remates en negro): palmas.

INCIDENCIAS: Destacaron en la puntilla Alí Trejo y en la vara Rene Quintana.

@rubenvillafraz