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7 de julio de 2017

Colombo conquista Pamplona

Foto: Sergio Recuero


Cortesía www.mundotoro.com

Fue una faena sólida. Más que el piso donde se desarrolló. Lamentable. Porque como viene siendo habitual en el arranque de cada San Fermín, los novilleros padecieron un ruedo con abundante arena, irregular y lleno de hoyos. Como en Dunkerque, esa playa donde desembarcaron los aliados de la Segunda Guerra Mundial (no se pierdan la película). Pero aquí nadie dice nada. Ni los principales perjudicados. Con la arena por los tobillos, como si en vez de traje de luces tuviera traje de baño, Jesús Enrique Colombo volvió a alzar la voz con una faena rotunda, de torero puesto y cuajado al que el utrero se le queda pequeño. Las dos orejas del mejor novillo de un desigual lote de El Parralejo, inapelables. También paseó un trofeo Javier Marín, igualmente próximo al doctorado, por una faena entregada y sincera al que abrió la feria, mientras Toñete enseñó su evolución sobre todo con la mano zurda.

Muy completo en todos los tercios, resolutivo, valiente y entregado, la faena de Colombo al quinto resultó extraordinaria. Novillo bueno y faena templada y ligada del torero venezolano, toreando muy reunido y despacio. Apretó con el novillo mas apagado siendo incluso volteado sin consecuencias. Capacidad, facilidad, intuición, sabiduría. Buena estocada.

Antes vio cómo se echó el segundo novillo durante la faena de muleta por su descastada condición y falta de fondo. No pudo entrar a matar Jesús Enrique Colombo que hasta que se echó el animal se había mostrado dispuesto y entregado, brillando en un buen tercio de banderillas.

Primer novillo noble pero sin clase ni empuje, se movió con la cara alta. El navarro Javier Marin firmó una faena asentada y de buen oficio, cuyos mejores pasajes fueron por el pitón derecho. Sensación de novillero puesto. Oreja tras media estocada. Quiso mucho frente a un cuarto mas hondo que sus hermanos que no humilló y le costó repetir las embestidas. Pundonor y tesón del navarro en una labor larga que se emborrono por el mal uso de los aceros finales.

Deslucido, justo de fuerza y raza el tercero, un novillo de adormecida embestida frente al que Toñete protagonizó una faena aseada y limpia pero sin brillo que tampoco tuvo acierto con el acero. Luego anduvo presto y ligado frente al manejable sexto que no acabo de entregarse ni de quedarse. Faena sosegada y de buena estructura, con pasajes sueltos muy estimables al natural, en la línea, por expresión y concepto, de su apoderado Manolo Sánchez. Desafortunado con la espada, se fue de vacío de un festejo que comenzó con un recuerdo a Iván Fandiño en forma de minuto de silencio. Seguro que los aficionados hubieran preferido ver su nombre colgado de los carteles en una feria donde tantas veces fue protagonista. Diez orejas en diez tardes, tres Puertas Grandes y dos trofeos al máximo triunfador del ciclo le contemplan. Este año ni le llamaron…

Plaza de toros de Pamplona. Primera de la Feria de San Fermín. Dos tercios de plaza. Novillos de El Parralejo, de variadas hechuras, nobles, justos de raza. El quinto fue el más completo. Javier Marín, oreja y silencio tras dos avisos
Jesús Enrique Colombo, silencio y dos orejas
Antonio Catalán Toñete, silencio y silencio tras aviso